El jardín de infantes

El jardín de infantes

En este articulo vamos a analizar un tema importantísimo: la entrada de los chicos al jardín de infantes, con todo el proceso de adaptación que eso implica para ellos y también para las mamas.

En este articulo vamos a analizar un tema importantísimo: la entrada de los chicos al jardín de infantes, con todo el proceso de adaptación que eso implica para ellos y también para las mamas.

El inicio de la escolaridad de los más chiquitos viene acompañado de dudas, temores, marchas contramarchas. Las preguntas, giran en torno a cuándo, dónde, cómo y para qué. Es natural que surjan estos interrogantes, así como necesario y tranquilizador encontrar las respuestas.

Podemos afirmar que hasta en la oferta educativa se han dado cambios significativos. Comenzaron llamándose guarderías, jardines maternales, más adelante jardines de infantes y hoy se nos presentan como Escuelas Infantiles.

Estos cambios de nombre no son azarosos ni caprichosos, sino que indican un cambio conceptual. Porque no se trata de "guardar chicos" cual si fuesen objetos. Los chicos sienten, tienen necesidades e intereses y, aunque manifiesten características comunes, son diferentes entre sí. Merecen mucho más que ser "guardados".

Es indudable que necesitan afecto y seguridad. Quizás de atií partió la idea de "maternal". Pero mamá y maestra son roles diferentes. Y el amor, a su vez, no es sólo privativo de las mujeres-madres-maestras. Lo es también de los hombres-padres-maestros que cada vez más se animan a poner la ternura en palabras y gestos. Hoy, al hablar de Escuelas Infantiles, se está queriendo poner el acento en el carácter sistemático, de intencionalidad pedagógica, aun para y desde los más pequeños. Un ámbito en el que la propuesta esté fundamentada y sea gradual. ¿Qué es, concretamente, lo que ofrece el Jardín de Infantes o la Escuela Infantil? Veamos. Provee a los chicos de un grupo estable de pares-parejos. Esto les permite ir consolidando vínculos, dar y recibir, hacerse un lugar, sentirla pertenencia. Estimula el crecimiento, la autonomía, el juego, los hábitos, la sociabilidad, los aprendizajes y la expresión en sus diferentes lenguajes: con la palabra, con el movimiento, la plástica, los sonidos, las dramatizaciones... Están aquellas instituciones cuya oferta de promesas resulta apabullante: idioma, computación, natación, campo de deportes y lectoescritura. Pero no siempre tanta diversidad está encarada con buen criterio.

A la hora de optar, recuerde que un niño tiene toda la vida por delante para ir incorporando actividades y conocimientos. ¿Qué habrá que priorizar, entonces? Un lugar cercano a su casa o lugar de trabajo, que reúna condiciones de seguridad (estilo de escaleras, protectores en aberturas, puerta de calle con traba, abono a algún servicio de urgencias, higiénico en especial en baños y cocina, con personal especializado y grupos no demasiado numerosos). Habrá que tomar conocimiento acerca del proyecto pedagógico: qué se prioriza, objetivos, actividades, relación con los padres y propuesta para el período de adaptación. Por lo demás, también aquí cuenta la intuición. Es decir, cómo se siente la mamá o el papá en ese lugar. ¿A gusto? ¿Le inspira confianza? ¿Se imagina a su hijo allí? Entonces, adelante.

Cual es la mejor edad para comenzar el jardín de infantes

No hay reglas respecto a la edad ideal para comenzar la escolaridad. Depende, a veces, de las necesidades familiares y de las diferencias entre los mismos chicos.

Suele suceder que a partir de los 2 años, muchos pequeños manifiestan su necesidad de estar con otros chicos. Y la plaza ya no les alcanza.

Otras veces los chicos son muy dependientes. Pero la familia sabe que están "en edad de merecer". Que justamente están necesitando un estímulo para madurar emocionalmente y separarse. Así es como, decisión tomada, comienza el trabajo paciente de la adaptación.

En la adaptación, están comprometidas las dos partes: la institución y la familia. Antes del comienzo de las clases, seguramente mamá habrá tenido una entrevista, una oportunidad para relatar la historia vital de su hijo. La maestra, al recibirlo, ya sabe algo acerca de él. Es importante que la persona adulta que haga la adaptación (mamá, papá u otro familiar) sea siempre la misma. También es importante, en esta etapa, que los chicos no falten, porque perderían continuidad y se vuelve a empezar de cero.

El período de adaptación también es conflictivo para la mamá. Quiere y no quiere esa separación. Su hijo se irá dejando conquistar por otra mujer (la maestra) que a su vez desplegará toda su simpatía y profesionalismo para ganar su afecto. Mamá tendrá que ir comprendiendo que ella y sólo ella seguirá siendo la mamá, pero que es bueno que su hijo se deje cuidar y querer por otros. Porque el mundo se le ensancha, porque aprende a relacionarse, porque esto le aporta variados modelos de vínculos.

Poder confiar en otros adultos, no competir con ellos, respetar la autoridad de la maestra, serán aspectos esenciales para que un chico transite exitosamente esta etapa.

Cada escuela tiene su estilo y su propuesta. Será bueno escucharla y reconocer que los años de experiencia no son en vano. Claro que si el estilo de adaptación que le proponen no coincide en absoluto con sus criterios, habrá que pensar que erró en su elección.

Durante la adaptación, los chicos hacen marchas y contramarchas. No es extraño escuchar "al tercer día ya se quedó solo lo más contento" y luego un desilusionado "al día siguiente  lloró como loco". Esto se debe a que los chicos se van dando cuenta de a poco de qué se trata.

Al principio deslumbra la novedad de una sala repleta de juguetes, sillas a medida y actividad constante. Después, cuando comprueban que esto es todos los días y sin mamá, que además hay que soportar que otros arrebaten las cosas y encima que hay que ayudar a guardarlas, ya la cosa es para pensar.

De todas maneras suele triunfar el Bien, y la mayoría de los chicos en una, dos o como máximo tres semanas, optan por las ventajas y se asumen como escolares. Aún así, la adaptación es un proceso que dura todo el año. No se trata simplemente de aceptar asistir a la escuela y quedarse sin la mamá. Adaptado quiere decir participativo, activo, emprendedor, independiente. Habrá que darle tiempo. Tiempo a todo. Porque es posible que los primeros días usted lo acorrale con preguntas: ¿cómo te fue?, ¿qué hiciste?, ¿con quién jugaste?

Y él, nada. Mudo, parco, reservado.

Espere. Todavía es su nuevo mundo y lo está ordenando dentro de sí mismo. El día menos esperado irán saliendo los relatos. Desordenados, condensados en una sola palabra o en un dibujo.

Y en medio de ellos, la canción que ya es un clásico, un himno del jardín:

Debajo de un botón, que encontró Martín había un ratón, ay que chiquitín..

Ese día usted sentirá que tiene un nene grande, que pudo separarse porque se sabe querido.

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