Cenas desordenadas

Cenas desordenadas

En la actualidad, son mayoría las familias donde ambos padres trabajan, lo cual ha provocado diversos problemas, entre otros, la anarquía en la cual han caído los niños, al quedar librados a su discreción al momento de cenar, o cuando los padres no cuentan con la voluntad y el tiempo de preparar una cena adecuada.

Una de las premisas para una vida saludable es mantener una conducta alimentaria adecuada. En una familia, sobre todo en las familias numerosas, es muy difícil lograr inculcar hábitos saludables en todos los miembros de la misma.

Si bien la incorporación de la mujer al mercado laboral supone mejoras en la forma de vida de la familia, también supone distorsiones y espacios vacíos que es necesario llenar. Uno de estos espacios, es el que tradicionalmente ocupó la mujer como guardiana de la alimentación de la familia, y que actualmente se encuentra vacante, pues las madres suelen estar fuera de casa en los horarios que se realizan las comidas. Es común encontrar niños y adolescentes que cenan solos, según su libre albedrío, lo cual conduce generalmente a cenas desproporcionadas y desordenadas.

Estos desórdenes implican, horarios aleatorios para realizar las comidas, la disposición de los alimentos a su propio criterio, la carencia de un momento familiar para realizar las comidas. La publicidad juega un papel importante en la creación de hábitos en los niños, y la disposición de un refrigerador lleno de alimentos permite que realicen su elección siguiendo sus impulsos.

Importancia de las comidas:

Cenas desordenadasNo es extraño observar que la cena es sustituida por el picoteo de embutidos y quesos, los platos rápidos pre-cocinados, como pizzas y croquetas ya son la regla.

El poder de decisión que han adquirido los más pequeños, debido a su tenaz empeño, y a la falta de paciencia o disponibilidad de los padres, ha llevado a que sean ellos los que generalmente deciden la cena, y lo hacen con criterio de pequeños, por supuesto.

También está el problema del gusto, resulta más tentador, sobre todo para niños y adolescentes, una comida apetitosa, que una que no lo sea, esto los lleva a ingerir mayores porciones. Sumado a esto, se encuentra la desproporcionada cantidad de sustancias grasas que estos alimentos tienen.

Si tenemos en cuenta que la cena es una comida más comprometida desde el punto de vista de la salud, ya que no realizamos grandes actividades físicas luego de ingerirla, y si no se tiene cuidado, se realizará muy cerca de la hora del sueño, lo que no favorece la digestión.

Causas de estos desórdenes:

Por motivos ocupacionales, muchas familias tienen en la cena, su único momento familiar del día. La falta de planificación del menú y la carencia de tiempo y ganas, hace que las cenas sean cada vez menos elaboradas y más desordenadas. La costumbre de omitir la merienda, resulta negativo en lo hábitos alimentarios de los niños, los que deben pasar muchas horas sin comer, lo que provoca que lleguen a la cena con mucho apetito y coman sin control, o que justo antes de cenar, se atiborren con lo que encuentren y luego no ingieran los alimentos saludables, o lo que es tan malo, si el plato los tienta realmente, continúen comiendo desproporcionadamente. Corresponde a los padres fomentar hábitos alimentarios saludables, y elaborar un plan de menús con comidas acordes a las necesidades nutricionales y energéticas de los más pequeños. También en las comidas es necesario establecer límites.

Si se deja pasar el tiempo, los malos hábitos se arraigarán y será más difícil erradicarlos. Es necesario controlar, tanto la calidad y variedad de los alimentos que los chicos ingieren, como las cantidades y los horarios en que lo hacen.
Cuando se experimentan dificultades para controlar la situación, se puede recurrir a un nutricionista, el que analizará los hábitos de vida, la situación alimentaria familiar, los horarios, y las particularidades de cada miembro.
El menú de las cenas debe satisfacer a toda la familia, las porciones deben distribuirse según las necesidades de cada miembro.

La consecuencia más grave del consumo excesivo de sal, es la hipertensión arterial. Estudios afirman que de reducirse el aporte de sal durante la infancia, redundaría en una disminución en la presión arterial en la edad adulta, pues el patrón ascendente de presión comienza en la niñez.
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